Des-hojada
Cada día que pasa pierdo una hoja.
Por eso en un futuro no muy lejano, cuando mire hacia abajo, todos los pétalos estarán regados en el suelo, haciendo un círculo en mi honor puesto que yo, el tallo, sigo en pie con la cabeza baja, una cabeza deshojada.
Antes no era así, ¿saben? Antes era un capullo, una flor sin abrir.
Deja que te cuente mi historia.
A simple vista era impoluta, perfecta, me sentía segura entre los cerramientos de mis hojas que me cubrían como la manta a un infante. El polen dorado, el aroma, todo para mi. Era una desconocida en un mundo de conocidos.
Entonces florecí
Me abrí al mundo y a su audiencia.
Mis maravillas eran de dominio público y no sé qué tan convencida me sentía, lo que sé es que mi vulnerabilidad quedó expuesta y con ello el tesoro que bajo las partículas doradas se encontraba.
No pasó mucho tiempo para que el primer pétalo cayera y me sintiera incompleta
¿Por qué?
¿Para qué?
No lo sé.
El mundo puede llegar a ser cruel
El silencio puede desgarrar.
Y aunque me encuentre sembrada en un prado, el silencio se puede colar.
Cae un segundo pétalo
…cae otro, y otro, y otro.
De pronto tengo frío, no es suficiente para cubrirme. Dejo de ser atractiva, pierdo la belleza.
Me pierdo.
Mi tallo va cayendo, lento y deforme. El peso de mi centro lo lleva consigo. Es paradójico que me quede desnuda y desplumada y a la vez me sienta pesada. A veces no entiendo muy bien las leyes y fórmulas, pero es posible, yo que se los digo.
Entonces cae el último pétalo
Cierro los ojos, respiro.
Silencio. Y por esta vez lo disfruto.
No hay nada por ofrecer…
… finalmente puedo descansar.


