Desvanecer(me)
soy polvo de hadas.
Mis yemas desmontan, hundiéndose en la suavidad y el calor. La carne se amolda, me da paso: “Bienvenida, otra vez”.
por las colinas bordeamos, ignorando cada cúspide, creyendo que hay un sendero único.
Sigo mi camino por una planicie que no es planicie sino un terreno de curvas y desvíos. Una vía moldeada por las agujas del reloj a conveniencia.
Voy al sur
ya no lo dudo
Llego al valle encantado donde me reciben rosas y espinas. Suspiro. El vaho se escapa de mis labios como la neblina por la mañana.
Solo estamos tú y yo. Escucho.
Me hundo en el manantial que se desborda. Escucho el dique derrumbarse. Sonrío con la marea.
Me zambullo, me remuevo.
La espalda se vuelve un arco y solo puedo pensar en el Puente Vecchio.
Su mano en mi cintura.
Lo pienso.
Me ahogo en las profundidades. Soy masoquista, no quiero respirar. Una muerte apasionada, eso anhelo.
Sonrío otra vez.
Las olas me mecen, me acunan en sus brazos, ¿Eres tú, gran Poseidón?, ¿por qué queman la sal? Ardo, ardemos.
Aprieto la punta de una colina porque en ese momento me creo dueña y señora
Me proclamo diosa para mis adentros. La voz se corta. Mi garganta carraspea
De la oscuridad emano
Abro los ojos
Veo la luz. Parpadeo
Me doy cuenta de que son mis ojos, los ojos de siempre.
Mi reflejo
Termino. Acabo
Adios.


