Devastación
Creo que uno no está realmente preparado para vivir un terremoto. La teoría ofrece una leve idea de lo que puede pasar, pero la realidad es muy diferente; te toma de los talones y se convierte en el monstruo bajo la cama.
Yo solo recuerdo el ruido… ese ruido. Fue como el eco distante de una voz grave que se mezclaba con el viento. Estoy segura de que no voy a olvidar ese ruido, así como sigo imaginando sacudidas cada vez que me siento en la cama.
No olvidaré tampoco el instante en el que miré hacia la puerta y vi cómo mi sala se iba de un lado a otro. Solo allí supe lo inevitable: tenía que salir de allí porque lo que estaba pasando no se parecía en nada a lo que había vivido.
Recuerdo esos segundos en los que mis manos temblaban y rogaba en mi cabeza dar con la llave correcta. Me agarré con las dos manos en el marco de la puerta y me preguntaba si de verdad algo con una apariencia tan frágil podía protegerme.
Si eso me habían dicho en el colegio, ¿qué teoría tenía yo para refutarlo?
En medio de los gritos, veía caer los trozos de pared. Arriba se oían los gritos de Javi (mi vecino de diez años que no pudo dormir la noche entera imaginando que temblaba a cada rato). Una voz gruesa se alzaba en medio del caos. No sé cuál es y nunca pregunté, pero decía algo como “el Señor nos protege…”. Yo deseé con todas mis fuerzas que eso fuera cierto.
Reaccioné bien, decía.
Fui fuerte, pensé
Pero como muchos de los objetos de mi casa, estaba dañada.
El nudo en el pecho indicaba que algo pasaba y yo lo sabía. Tenía que soltar toda la rigidez que venía trayendo bajo la máscara de una supuesta valentía.
Fue entonces que la mañana después del desastre, sola en aquella sala que se convirtió en mi hostal de una noche, lloré.
Lloré por el ruido
Lloré por mis papás, porque los escuché decir que creyeron que iba a morir. Lloré por imaginar qué sería de mi vida si en este momento estuviera buscándolos entre los escombros.
Lloré porque estuve sola y me habría gustado no estarlo
Lloré por la incertidumbre
Lloré.
Siempre tuve miedo.
Incluso cuando decía que no.
Miedo no. Terror.


