Mereces
...de todo mereces.
Mereces que unas manos ajenas acunen tus mejillas, alcen tu rostro, busquen tu mirada y profesen que eres la criatura más bella de la Creación.
Mereces sentirte diosa bajo tu propia piel, explorar tu carne y rozar el cielo (por ti, para ti).
Mereces enredar tus dedos en tu cabello y jugar a hacer un bucle, con la certeza de que eres reina y señora de ti, todo eso mientras el reflejo del espejo te devuelve la sonrisa.
Mereces ser admirada y querida cuando vistes seda fina y también el algodón desgastado de tu ropa para dormir.
Mereces gritarle al mundo quien eres y que nadie pueda silenciarte. (Soy, fui, seré…)
Mereces hablar sin parar porque en el fondo anhelas aflojar los nudos que te quedan en la cabeza (esos que presionan sin cesar).
Mereces vivir en una tribu, un aquelarre seguro y desprovisto de comparaciones.
Mereces ser, hacer, descansar; usar dichos verbos a tu favor como y cuando quieras (no te desgastes).
Mereces cantar a todo pulmón las de Bon Jovi, pero también las rancheras.
Mereces flores y libros de regalo, pero también un abrazo y el papel que envolvía ese chicle compartido como recuerdo.
Mereces que el mundo albergue al ángel y también al demonio. Un día habrá sol, pero al otro lloverá. (Inevitable)
Mereces soñar con los ojos abiertos y con los ojos cerrados (ambas maneras funcionan).
Mereces suspiros y gemidos sin cubrirte los labios.
Mereces un día de falda corta y otro de pantalón.
Mereces el espacio para saludar y ser cortés, pero también mereces el espacio para dejar de hacerlo. (Sin que nadie se cree ideas que no son)
Mereces una caída al vacío y a la vez una red que te sostenga.
Mereces ser libre y en cada paso dejar una marca de color para que mundo sepa quién estuvo (que estuviste) allí.
Mereces.
De todo mereces.


